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Bhakti Yoga

Bhakti Yoga es una práctica sencilla pero compleja. Sencilla en esencia, compleja en nuestro contexto actual, occidente en el siglo XXI.

El practicante se vuelve un Bhakta cuando, fruto de su Dharana, de sus austeridades, de su renuncia y/o de sus acciones desinteresadas; experimenta, aunque solo sea en un destello, la divinidad en su propio corazón..

Bhakti es Amor en acción. Es devoción. El practicante de Bhakti yoga es aquel que vive con la atención fija sobre y para el Amor. Atención es una palabra clave.

Antes permíteme una premisa

En primer lugar, creo que la idea inicial sobre esto que nos mueve a practicar Yoga es la aceptación de nuestro propio sufrimiento. La segunda premisa tiene como propósito poner en común la idea, a veces confusa, sobre el significado de la palabra “Yoga”. De forma resumida, creo que todos estaremos de acuerdo cuando afirmamos que Yoga es un método, una tecnología forjada con el propósito de gozar experiencias espirituales. Y la forma que propone el Yoga es trabajando directa e indirectamente sobre la mente/ego. Poniendo el foco de atención, poniéndole luz y taquígrafos al ruido de la mente, a los sistemas de creencias y a las estructuras paradigmáticas con el fin de poder diluir, penetrar y liberarse del yugo de las “falsas “ creencias sobre el mundo y sobre uno mismo.


Creo que es un buen concepto tratar de entender Yoga como una práctica que fija metas inalcanzables. Vaya idea! Primer golpe de confrontación para el ego. Nuestros parámetros mentales necesitan fijarse metas alcanzables. Todos los objetos de la práctica del Yoga fijan objetivos inalcanzables. No es posible practicar el asana perfecta (Raja), ni integrar en el intelecto la total y absoluta profundidad de un concepto Sánskrito (Gnana), tampoco estamos completamente libres del desapego sobre el fruto de nuestras acciones (Karma). Es muy común el sentimiento de culpa o de frustración sobre el practicante occidental, un lastre, sin duda enorme para lograr profundizar la mente hasta alcanzar Samadhi.


Tratemos de entender lo que significa Bhakti.

Bhakti es Amor en acción. Es devoción. El practicante de Bhakti yoga es aquel que vive con la atención fija sobre y para el Amor. Atención es una palabra clave. Swami Vivekananda, en su libro “Bhakti Yoga” dice que el Amor está en todas las acciones. Hasta en las más terribles de las acciones. Que es, mediante la calidad de la atención, lo que hace que el Amor se eleve y sea también luminoso para los demás.

Eres un Bhakta cuando antepones el Amor a la razón.

Al principio, el Bhakta, en honesto reconocimiento de sus limitaciones, asume un solo objeto al que Amar. Se toma de un objeto catalizador: Un Avatar, un Guru, un maestro trascendido o un objeto tangible que represente a Dios tal como la Madre Tierra, el Padre Sol o el Universo. El Bhakta utiliza de forma astuta el altar así como el mala o la Kara; como recordatorio de su objeto de devoción. También son de gran utilidad las historias o los textos sagrados inspirados en poderosos Avatares como el Ramayana (Rama) o el Bhagavat Gita (Krishna). No perder el foco es parte del entreno. Y como todo en la vida, poco a poco, el Bhakta va abriendo el radio de acción de su Amor. Va incluyendo paulatinamente a todo el mundo en su testaruda fijación por la amabilidad, la aceptación, la rendición, el canto emocionado, la bondad, el perdón y la suave capacidad de decir “no” sin hacer daño al ego de nadie.


Caminando hacia el Amor por el camino del Amor.

Bhakti Yoga es una práctica sencilla pero compleja. Sencilla en esencia, compleja en el contexto actual, occidente en el siglo XXI. Bhakti nace miles de años atrás, irguiéndose cómo una de las ramas mas antiguas y poderosas de la humanidad. Durante siglos “Bhakti” permanece oculto y secreto. Desconozco los motivos, pero imagino que debe tener alguna relación con su potencia, sencillez y efectividad. Y la siempre sospechosa voluntad histórica de los poderosos a que el pueblo humilde permanezca sumido en la inofensiva y obediente inconsciencia.

Bhakti Yoga estuvo durante cientos de años preso en los palacios de los Rajas (Reyes) y de algunos sanniasis (monjes renunciantes). Fue uno de ellos, Sri Krishna Chaitania Mahaprabhu, en el siglo XV que, revelándose ante el secretismo, decidió salir con sus sanghis por las calles para cantar el Mahamantra*. Y así fue como, bailando y cantando, enamorados, con sus mridangas y kartales, destaparon la alegría de un pueblo condenado a un oscuro y rígido sistema de castas. Chaitania, sin saberlo dio forma a una secta Hinduista Vaishnava, popularmente conocida hoy como los “Hare Krishna”.


Y una vez destapada la tapa del caldero de esta loca expresión descarada de Amor, el Bhakti Yoga se expande veloz, transmitiéndose libre de corazón a corazón hasta nuestros días.

Algo bueno pasó hace quinientos años. Casualidad o no, durante el mismo periodo, a unos pocos cientos de kilómetros de distancia al noroeste de Sri Chaitania Mahaprabhu, un joven y testarudo erudito punjabi emergía de las oscuras aguas del río Kali Bein donde se había entregado en acto de renuncia (iluminación o muerte). Guru Nanak, con el corazón colmado de Amor y transformado en un Bhakta, caminaba de espaldas, sin perderle la cara a su Guru/río. Y en profundo agradecimiento y reverencia, recitó: Ek ong Kaar Sat Nam Karta Purkh Nirbao Nirbe Akal Murat Ajuni Seibang GurPrasad Jap Add Sach Jugad Sach Hevy Sach Nanak Ho Sibisach.

Y esta revelación, este Mulmantra, fue el inicio del Sikh Dharma. Hoy este camino espiritual hermoso brilla vinculado a nuestro querido Kundalini Yoga. Wahe Gurú!


Existe un rezo en los Upanishads, para mi forma de verlo, fundamental para entender Bhakti Yoga: Om asatomä sad gamaya / tamasomä jyotir gamaya /mrityormä amritam gamaya. Llévame de la oscuridad a la luz, de la ignorancia al conocimiento, del miedo al néctar de la libertad.

Si damos un paso mas allá, e intentamos leer entre líneas, podremos extraer dos conclusiones valiosísimas. La primera: Necesitamos ayuda. Fruto de nuestra ignorancia al respecto de la auténtica naturaleza de uno mismo y del mundo entero, necesitamos ayuda. Y la segunda: Reconocemos y nos rendimos a la existencia de un poder inmenso, de algo inexplicable, superior a nuestro intelecto y oculto para nuestros sentidos humanos.

A algunos nos gusta la palabra Dios para nombrar este Poder. Aquel que recita, con conocimiento de causa, el Om Asatoma, está reconociendo de forma implícita estas dos verdades.

Es tácitamente imposible ser un Bhakta y no reconocer estas dos verdades. De hecho, el practicante se vuelve un Bhakta cuando, fruto de su Dharana, de sus austeridades, de su renuncia y/o de sus acciones desinteresadas; experimenta, aunque solo sea en un destello, la divinidad en su propio corazón. Es entonces cuando el practicante comprende, por absorción cognitiva (Samadhi), el verdadero significado y el invencible poder del Amor. Es entonces cuando todo toma sentido. Cuando, esas metas imposibles de alcanzar que fija el Yoga en todas sus vertientes (Raja, Karma, Bhakti, Gnana) se vuelven alcanzables. Estábamos buscando en el lugar equivocado. Estábamos perdidos en el laberinto de nuestra mente, intentábamos infructuosamente alcanzar Samadhi, la experiencia del Amor supremo, buscando entre los cajones amorfos de nuestra pequeña mente/ego.

Sat Nam


Hare Krishna

Hare Krishna

Krishna Krishna

Hare Hare

Hare Rama

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Hare Hare


Manu Om



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